El trabajo invisible, Lucía Reissig

“¿Por qué cualquier acto que en los setenta narrase la experiencia viva de las mujeres sólo se ha leído bajo las etiquetas de “colectivo” y “feminista”? Los dadaístas de Zúrich también trabajaban juntos pero eran genios y tenían nombres.”

Así como Crhis Kraus se pregunta, en I Love Dick, su novela publicada en 1997, reeditada en 2013 y llevada a las pantallas en formato de serie corta en 2017, sobre aquello que no se nombra, al ver las obras de Lucía Reissig yo misma me cuestiono sobre el accionar individual como puerta de acceso a lo colectivo. ¿Puede una artista con nombre y apellido —o seudónimo según sea el caso- hacer uso de su voz para manifestar a todo un colectivo?

Reissig trabaja a tiempo completo, con materialidades y herramientas diversas. Hace uso de la fotografía, la pintura, la intervención, la performance. Una puede seguirla en su cuenta de Instagram y percibir como construye su obra en el día a día registrando aquello que, fuera de su estudio, es su trabajo. Ese trabajo que forma su economía y que muchas mujeres realizan de manera invisible. Toma fotografías del antes y el después. En sus imágenes vemos el lavamanos de un baño con pelos que pueden ser los restos de un recorte de barba, las manchas de jabón pegadas sobre la loza, una mesada repleta de utensilios de cocina, sucios, abandonados. Posteriormente Lucía nos muestra una imagen del orden y la limpieza. Acto seguido hace público un regalo que recibe, una remera con una inscripción bordada: “No fue magia, fue la fuerza de mi trabajo”.

En la obra de Lucía Reissig se visibilizan temáticas que a mi parecer parten de un accionar autobiográfico pero que se encuentran directamente relacionadas al colectivo feminista. Con sólo entrar a su web y leer los títulos de éstas, una se siente interpelada por lo cotidiano del lenguaje: “platos”, “cajas”, “bolsa”, “familia de origen”, “ni una menos”, “skin”. Y por qué no, “sin título”.

En su última muestra “El trabajo invisible”, Selva Negra Galería, Lucía insiste -y a mi parecer acierta- en seguir creando a partir de la vivencia como mujer, artista y trabajadora. Tomando como eje las herramientas de su trabajo como empleada doméstica, expone en marcos, sobre paredes y columnas espejadas, de manera escultórica y con intervenciones como el bordado. Muestra los restos, el después, lo que se deja en la basura.

Sus trapos sobre columnas espejadas son el reflejo del trabajo, de lo invisible, lo que no se nombra. Son el reflejo de un género y una clase. Y esto responde, para mí, la pregunta del inicio.